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Los gatos de las manos gordas

Los gatos de las manos gordas
Los gatos de las manos gordas
Los gatos de las manos gordas
Los gatos de las manos gordas

- por Jack Ewing

La elegante gata manchada esperaba con el pecho y las gruesas manos encima de un tronco; sus ojos miraban hacia el otro lado, con paciencia, esperando que alguna rata espinosa u otro pequeño roedor viniera corriendo por la orilla del tronco. Tenía rato de estar ahí, desde el ascenso de la luna, pero hasta el momento ninguna presa había aparecido. Una sensación de intranquilidad envolvió su cuerpo similar a una niebla que penetraba hasta lo mas profundo de su ser. Ella esperaba y miraba. Un débil sonido llegó a sus oídos, y se dió cuenta del origen de la sensación desagradable, perros, sus aullidos lejanos flotando sobre la brisa fresca de la noche. El llanto no deseado no era nada nuevo, significaba la cosa más temida de su entorno.

La idea de subir un árbol brevemente pasó por su mente, pero si los perros la olían y encontraban el árbol iba a estar atrapada, un blanco fácil para los seres humanos que siempre andan con los perros. La otra opción era alargar la distancia entre ella y los perros, pero el bosque no era tan grande, y la distancia que podría correr era limitada. La hembra ocelote eligió esperar y escuchar. Tal vez los temidos caninos irían por otra dirección. Ella se agachó como si fuera a hacerse mas pequeña. Pero el sonido seguía acercándose y llegó el momento en que ella tenía que hacer algo. La hermosa felina pintada salió corriendo por el bosque, hacia un lado, guardando suficiente distancia entre ella y el rumbo de los perros. El terreno era familiar, y ella se movió con rapidez y facilidad, haciendo un amplio círculo en torno a los perros que venían acercandose. Cruzó el camino de ellos muy atrás de los excitados aullidos, pero el área todavía olía al temido olor de los perros. Ella iba hacía la quebrada y el árbol que para ella significaba seguridad. Cruzando la rápida corriente llegó al higuerón con las gambas de un lado extendidas hasta el água. Escaló el tronco hasta un hueco muy por encima del suelo, se metió adentro, se acosto encima de un estante natural, y se quedó quieta, esperando, escuchando. Después de un tiempo los aullidos de los perros se convirtieron en un frenesí. Probablemente tenían un tepesquintle encuevado. La elegante gata manchada se relajó, ya estaba fuera de peligro, hasta otro día.-- Mientras quedó acostada en su escondite recuerdos vívidos fluyeron a través de su mente de otra noche hace mucho tiempo cuando su mamá los había escondido a ella y su hermano en otro higuerón hueco en un bosque lejano. Después la gata adulta había corrido por el bosque intencionalmente llevando los perros por mal camino. Recordo escuchar las tres explosiones, un sonido que viene solamente de los humanos. Su madre nunca volvió. El día siguiente ella y su hermano aventuraron bajar del árbol y entrar a la selva. Tenían suficiente edad como para sobrevivir, pero la vida no era fácil. Quedaron juntos un tiempo y luego cada uno siguió por su propio camino.

Ocelote (Leopardus pardalis)

De las seis especies de gatos silvestres que se encuentran en Costa Rica solamente el jaguar y el puma son mas grandes que el ocelote. El leon breñero, caucel, y tigrillo son mas pequeños. Un biólogo describió el tigrillo como el tamaño de un gato domestico pequeño, el caucel como un gato domestico grande, y el ocelote como un perro de mediano tamaño. Puede pesar hasta 14 kilos y tener un largo de 130 centimetros, de los cuales 40 centimetros corresponden a la cola. La cola es relativamente corta en relación a la cabeza y el cuerpo. Es mas corta que la pierna tracera. La huella de la mano puede tener hasta siete centimetros de ancho y del pie unos cinco centimetros.

El nombre “ocelote” se deriva del nombre océlotl que refiere al mismo gato en el idioma indigena centroamericano Náhuatl. Aparece mucho en el arte y folklore y era un tótem importante en algunas culturas pre Colombinas. Por ejemplo los sacerdotes Aztecas que realizaban sacrificios humanos siempre se vestían con un manto de pieles de ocelote durante el ritual. A menudo había confusión entre los ocelotes y jaguares en el folklore porque en algunas culturas la palabra tigre se refiera a uno de los gatos manchados y en otras culturas refiere al otro. También, en algunos lugares el nombre ocelote refiere al jaguar. En el idioma de los indios de Boruca el nombre es Cvon Kuas. En Costa Rica el ocelote se llama manigordo debido a que sus manos son excepcionalmente gruesas.

Los manigordos son muy ágiles para escalar y a menudo duermen en los árboles, pero durante la mayor parte del tiempo que se mantienen activos se encuentran en el suelo. A diferencia de la mayoría de los gatos no acechan a sus presas, sino buscan un lugar estratégico para esperar y mirar, o andan sigilosamente en el bosque y matan lo que encuentran. A pesar de que la mayor parte de los que cazan son roedores pequeños, se conocen casos cuando han matado animales tan grandes como los sainos. De vez en cuando matan aves y las despluman antes de comerlas.

Cacería y Hábitat

Algunas personas matan los animales silvestres para subsistencia, otros como deporte, y otros ven los animales que matan como trofeos. Yo aprendí a cazar desde temprana edad. No necesitábamos la carne para comer, pero nos comíamos la mayor parte de lo que maté, todo desde palomas hasta venados. También sabía de la cazaría de trofeos porque mi padre viajaba a lugares distantes para disparar animales exóticos y colgar sus cabezas en la pared de su oficina. Por esa razón yo pude simpatizar con la sensación de orgullo y la sonrisa del sabanero Tonio cuando me llamó a ir a ver su trofeo de cacería. Sin embargo cuando miré la piel aterciopelada, amarillenta con manchas negras del manigordo muerto, sentí una punzada de inquietud en el fondo del estomago, como tristeza o lástima. “Que pena,” pensé, “de haber terminado la vida de un animal tan maravilloso.”

Pero entonces el cazador dentro de mi psique sutilmente tomó control de mi mente. “Quien sabe si ahí arriba en la selva hay otro de estos gatos pintados que yo podría matar,” pensé.

Casi instantaneamente me di cuenta de lo absurdo de estos dos pensamientos contradictorios. ¿Como podría sentir remordimiento para el pobre ocelote un momento y pocos segundos después preguntarme si acaso hay otro que yo pudiera matar. Al reflexionar sobre ese momento ahora, 40 años después, creo que lo que me inquietó más fue la idea de que yo era capaz de pensar en matar el último manigordo en la selva. Nunca volví a la cacería. Un par de meses después coloque rotulos prohibiendo la cacería en los carriles de Hacienda Barú. Eventualmente, contraté un guarda bosque para combatir la cacería furtiva. Pocos años después iniciamos el proceso de regenerar hábitat natural en las partes deforestadas. Creo que se puede decir que un manigordo muerto me lanzó por el camino hacia el ambientalismo que resultó en la conversión de una finca ganadera en una reserva natural que eventualmente se convirtió en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Barú.

El el año 1973 cuando Tonio mató el manigordo, toda la bajura de Hacienda Barú, 160 hectares, se había deforestado y sembrado a pasto para ganado. Aproximadamente 170 hectares de bosque primario quedó de reserva en las partes altas. Algunas de las propiedades vecinas todavía tenían pequeñas parcelas aisladas de bosque, pero muchas estaban totalmente desnudadas de árboles. La cacería era rampante, y cada año había menos selva y menos animales para cazar. La mayor parte de los cazadores usaban perros y, como hemos visto, los perros de cacería facilmente podían perseguir y encaramar un ocelote. Una vez encaramado el gato era un blanco fácil para los rifles de los cazadores.

Y si todo eso no era suficiente los manigordos tenían la mala costumbre de meterse a escondidas a los patios de las granjas para matar gallinas. Pocas personas los veían como los magnificos gatos manchados que son. De hecho la mayoría consideraban que eran una peste que se debe matar en el momento que se ven. Con todos los factores en contra se puede entender por que la población de ocelotes bajó casi hasta cero. Es posible que el manigordo que mató Tonio era el último que quedó en Hacienda Barú en ese tiempo, o casi el último. Pero eso pasó casi 40 años atrás y muchas cosas han cambiado desde entonces.

En el 1979 iniciamos la restauración de hábitat en la Hacienda Barú. Poco a poco durante los próximos 20 años 160 hectares de repastos y arrozales se entregaron a la Madre Naturaleza quien las devolvió a su estado natural. El año 1985 marcó el pico de deforestación en el área que comprende el Corredor Biológico Paso de la Danta. Desde esa fecha en adelante cada año ha traído un aumento en la cobertura forestal. Otra consideración importante es el hecho que el turismo ecológico ha llegado a ser una fuente significante de ingresos económicos, y por eso mucha gente se da cuenta de la importancia de proteger el bosque húmedo tropical y la vida silvestre que atrae tantos visitantes a está región. Otro factor en el repunte del manigordo a sido la creación de una cantidad de reservas naturales, algunos formales como los refugios nacionales de vida silvestre, y otras son reservas naturales privadas e informales. Muchos de los dueños de dichas reservas contratan un guarda bosque para protegerlas. Cazadores con perros son fáciles a detectar debido a los excitados aullidos. Algunos guardas capturan los perros y los entregan a los inspectores de MINAET, y otros los matan. Como resultado muchos cazadores furtivos han dejado de cazar con perros y ahora cazan con trampas. Las trampas tienen el propósito de capturar sainos y tepesquintle, pero no los manigordos. Esto ha contribuido considerablemente a la recuperación de estos hermosos gatos manchados.

Ocelot Populations

Nunca sabremos si el ocelote que mató Tonio en 1973 era el último en la selva, pero no vimos ningún otro durante 18 años. En el 1991 un ornitólogo estaba sentado en un tronco en el bosque primario de Hacienda Barú mirando y escuchando pájaros cuando un manigordo macho adulto pasó cerca caminando tranquilamente y totalmente inconsciente de las presencia del ser humano. El año siguiente Diane Ewing venía de regreso de un viaje nocturno al hospital con un empleado enfermo cuando vió un manigordo en el bosque de Hacienda Barú por la orilla de la carretera cerca del río Barú. En la boca tenía alguna presa que ella no pudo identificar. Un año después un guarda parque vió un ocelote en la bajura por uno de los senderos auto-guiados. Desde ese entonces hemos tenido uno o dos avistamientos por año por parte de guarda parques, guías y turistas. El año pasado mi camara automatica tomó una foto de un manigordo en un sendero en la selva de la parte alta de Hacienda Barú. Recientemente una vecina, Sheryl Margoluis salió de la casa temprano en la mañana para hacer ejercicios cuando se topó con una hembra y dos cachorros. Obviamente la poblaciones de ocelotes se han recuperado significativamente durante los últimos 40 años, y ahora hay una buena cantidad de ellos en Hacienda Barú y el Corredor Biológico Paso de la Danta.

Ocelotes defienden un territorio relativamente grande, y en un área protegida del tamaño de Hacienda Barú y las reservas naturales vecinas – un poco mas de cinco kilometros cuadrados – es probable que no hay mas de tres machos y de siete a diez hembras. Además de la baja densidad de población es importante tomar en cuenta que los manigordos son principalmente activos de noche y son animales muy reservados. Debido a estes factores hay pocos avistamientos.

El día sábado, 28 de Abril de 2012, un par de oficiales del departamento de vida silvestre del MINAET llegaron a Hacienda Barú con una jaula en el cajón de su pick-up. Adentro de la jaula había un adulto ocelote macho. El gato había estado matando gallinas en una granja cerca del pueblo de San Juan de Dios. Una noche el dueño logró encerarlo en la gallinera. Pues no quería matarlo, como hubiera pasado hace 20 o 30 años, llamó al MINAET. Los oficiales lograron amarrarlo con una soga y meterlo dentro de la jaula. El manigordo se golpeo y se raspó un poco durante la lucha. Primero lo llevaron a la clinica veterinaria en Uvita. Por casualidad mi esposa Diane estaba en la clinica en ese momento y ayudo distraer el gato mientras Dr. Riera aplicó un poco de antiséptico a las lesiones con una aplicadora larga. Lo revisó bien y dijo a los oficiales que el animal aparentamente estaba en buen salud y buena condición física, y que, en su opinion, no habría ningún problema en liberarlo en un hábitat adecuado. Ellos lo trajeron a Hacienda Barú.

Con la ayuda de un par de trabajadores y los guarda parques de Hacienda Barú montaron la jaula sobre dos varillas de bambú y la llevaron aproximadamente un kilometro a dentro de la selva de la parte alta del refugio. Ahí devolvieron el manigordo a su hábitat natural. Con suerte logrará establecer su propio territorio y acomodarse a una vida normal de cacería de pequeños roedores y las otras presas que abundan en el bosque. Si vuelve a su costumbre de matar gallinas el próximo granjero talvez no será tan indulgente.

Tortuga Verde del Pacífico

La noche del viernes 7 de setiembre de 2012 una Tortuga Verde del Pacífico (Chelonia mydas agassizii,) a veces llamado Tortuga Negra, llegó a Barú Beach. Nosotros, en  Hacienda Barú, hemos estado trabajando para restablecer las poblaciones de tortugas marinas desde 1984 cuando comenzamos nuestro primer criadero de tortugas. La mayor parte de las tortugas que depositan sus huevos en la playa de Barú son Tortugas Lora del Pacífico (Lepidochelys olivacea.) Ésta es la primera vez en 28 años que hemos visto una Tortuga Verde del Pacífico. Los objetos blancos pegados a la concha de la tortuga probablemente son  percebes, unos organismos que también se pegan a los cascos de los barcos.

Green Ibis

Green Ibis

Nunca visto en Hacienda Baru hasta ahora el Coco Negro (Green Ibis) (Misembrinibis cayennensis)

Tienda Chocolate Monkey

Nuestra tienda de regalos es bien conocida en la zona por tener una gran variedad de regalos. No sólo va a encontrar camisetas, hamacas y joyería. Nuestra política es comprar (en lo posible) de los artesanos locales que trabajan con materiales locales de un recurso sostenible.

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