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El playón de la quebrada pareció pintado con pozas dispersas de agua calmada y obscura, separadas por piedras lisas y planas y rocas grandes y pequeñas forradas en lana. En el momento en que mi pie quedó firme en el playón, un sonido, abrupto y no esperado, interrumpió el silencio, provocando escalofríos a lo largo de mi torso. Volviendo mi cabeza rápidamente hacia el gruñido profundo, revisé el riachuelo y el entorno boscoso, todo en vano. Otro paso cauteloso provocó otra amenaza. Un paso río abajo, atrajo silencio. Un paso río arriba y otra ves el gruñido amenazante. Tres pasos más y el sonido intensificó hasta convertirse en un ligero rugido; paré de pronto. Binoculares en mano, volví a escanear el área pero la fuente de la amenaza se mantuvo en obscuridad. Los Manigordos, en raras ocasiones, han atacado a los humanos, pero no quise probar más mi suerte. Me retiré unos cuantos pasos. Sin aviso, una forma con cuello largo y rayas angostas se lanzó al aire desde una rama, directamente arriba y al frente mío, aleteando fervorosamente. La Garza Tigre (Tigrisoma mexicanum) aterrizó al lado contrario de una poza grande a corta distancia. Yo había pensado siempre que el nombre era por la rayas, pero obviamente había algo más. “¡Que criaturas más fascinantes son las aves!,” pensé, mirando la Garza Tigre con patas largas, un cuadro de elegancia, mirando con paciencia, cabeza inclinada, esperando atrapar algún pez salado en el agua cristalina.
Cada año más aficionados de pájaros recorren la faz de la tierra con esperanzas de añadir otra especie a sus listas de especies identificadas durante toda su vida. Despertando con el sol, caminando por todas partes, portando binoculares y libros de aves, y haciendo listas de cada amiga emplumada que se encuentran. Tal vez parece extraño a los no aficionados y hasta semejante a la locura o al fanatismo, pero la verdad es que observar pájaros produce experiencias inolvidables, y los pájaros son criaturas realmente fascinantes. Continué caminando sobre el sendero al otro lado del riachuelo, envuelto en mis pensamientos, abrumado por mi experiencia con la garza. Un movimiento delante de mí me volvió al presente. Un pájaro grisáceo, del tamaño de un pollo, como a doce metros delante mío, se hubiera escapado de mi vista si no se hubiera movido. Paré para observar la Gallina de Monte (Tinamus mayor) cruzar lentamente por el sendero. Su tranquilidad era una buena señal. Donde la cacería furtiva es prevalente siempre anda nerviosa y se espanta con cualquier cosa, huyendo con vuelo torpe. El llanto misterioso de esta ave se puede describir como reminasciente de fantasmas en una casa embrujada. Los machos hacen nidos en el suelo entre las gambas. Después de aparearse con el macho, la hembra pone hasta cinco huevos verdi-azules en el nido. “Adios,” le dice, saliendo coqueta en busca de otro amante. El macho queda para cuidar el nido y criar a los polluelos. Pajarear es definitivamente el sector más grande en turismo ecológico. Se estima que los aficionados a nivel mundial gastan más de mil millones de dólares anualmente en libros, viajes, binoculares, cámaras y otros equipos. Y que buenos ecoturistas que son. Los pajareros se acuestan temprano, se levantan temprano, caminan y observan, compran bienes y servicios, y cuando van para la casa, llevan solamente sus memorias. Prepárense para la temporada de observación de pájaros, porque ya la tenemos encima. El Corredor Biológico Paso de la Danta, entre el río Savegre y el río Térraba es un lugar especial para pajareros. En los 18 años que tenemos registrando las aves en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Hacienda Barú se han identificado más de 350 especies. El año pasado en el conteo anual de aves, ornitólogos cubrieron un área circular que se extiende desde Dominical hasta la fila de Tinamastes. Contaron 395 especies en un solo día, quedando en tercer lugar entre más de 2000 áreas de conteo a nivel mundial. De ahora hasta mediados de marzo, cuando los migrantes vuelvan hacia el norte, es la mejor temporada para observar aves. Entonces, por que no pide, compra o consigue prestado unos binoculares y un ejemplar de Aves de Costa Rica , e inténtelo usted también. Puede empezar su propia lista de especies identificadas. Pero quiero advertirle, pajarear es adictivo. |