Hacienda Barú
National Wildlife Refuge

Dominical, Costa Rica

 

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Es Algo Mas Que Pintura Verde! PDF Print E-mail

Los ojos oscuros miraron desde las sombras al pizote solo que agitaba las hojas secas, escudriñando la tierra húmeda con el hocico y comiendo las diminutas criaturas que encontraba. Con cada paso el mamífero, similar al mapache, se acercaba más a la muscular y larga criatura que esperaba entre las gambas de la base del higuerón. El pizote continuaba con sus cosas, pero siempre en dirección hacia el árbol donde subiría hasta la copa con la esperanza de darse una deliciosa comida de higos maduros. Cansado de escarbar por larvas e insectos en la oscura tierra de la selva, el pizote alzó su cabeza, miró alrededor y se movió directo al higuerón. Al llegar a la gamba, dudó. Algo andaba mal. El pizote hizo una pausa, meneó su nariz y olfateó, miró de un lado a otro examinando los alrededores. Finalmente, dio otro paso hacia el árbol, seguido por otra pausa, después otro paso. La serpiente se lanzó como un relámpago, agarró de la cabeza al pizote con su boca y enrolló firmemente el cuerpo peludo del mamífero. Apretó fuertemente. El pizote intentó respirar pero, sólo podría exhalar. Cada vez que expulsó aire de sus pulmones, el cuerpo de la serpiente apretó. Cada movimiento del pizote produjo una contracción de los músculos enrollados. En menos de un minuto el pizote dejó de luchar. Un minuto después la boa dejó de morder, rápidamente volvió la cabeza y mordió de nuevo, esta vez con la nariz del pizote apuntando hacia adentro de la garganta de la serpiente. Se desenrolló, soltando así el cuerpo del pizote y mordió duro. Con cada mordisco que daba la boa, sus dientes encorvados hacia atrás, jalaban la presa hacia más adentro de su garganta. Las mandíbulas de la serpiente se desarticularon y se separaron abriéndose lo suficiente para que la presa entrara. La serpiente tardó dos horas tragándose el pizote; después de esto durmió. La gigante boa permaneció inactiva durante ocho días mientras su cuerpo digirió el pizote. Entonces el temeroso predador se arrastró lentamente por la selva, deteniéndose de vez en cuando, buscando el lugar perfecto para montar una nueva emboscada. Podría durar dos o tres semanas sin que otra presa deambule a su alcance.
La boa (Boa constrictor) es la serpiente más larga y más pesada de Centroamérica. Aunque ellas se conocen por alcanzar longitudes de más de 5 metros, las boas de más de 2½ metros de largo son realmente escasas. Un pizote adulto, aproximadamente el tamaño de un Perro Cocker, es fuerte y rudo, y pocos depredadores intentarán matarlo. En Costa Rica, los jaguares, los pumas y las boas muy grandes son los únicos que lo hacen. Las boas lo suficientemente grandes para matar y tragar un pizote, raramente se ven, y cuando esto sucede, la experiencia es inolvidable.

Juan Ramón Segura, un guía veterano del Barú, estaba conmigo cuando vi mi primer boa grande arrastrándose a través del bosque, en las partes mas altas del Refugio Nacional de Vida Silvestre Hacienda Barú. Fascinado por el gran tamaño y el estilo de esta regia criatura, nosotros la seguimos mientras andaba despacio pero determinadamente a través de la selva, se arrastra encima de los troncos caidos como si ellos fueran ramas, daba vueltas alrededor de los árboles, a través de las hojas secas y encima de las piedras, haciendo una pausa para atizar su nariz en cada rincón y grieta pequeña. Parecía totalmente consciente de nuestra presencia, pero igualmente indiferente. La boa era larga y musculosa, pero no particularmente gruesa. Yo recuerdo que la parte media era tan gruesa como mi pantorrilla. La boa se deslizó fácilmente sobre un tronco y se estiró a lo largo sobre éste. Estando a menos de un metro de distancia, yo conseguí un palo, lo sostuve y tomé medidas del largo del cuerpo del reptil comparando al largo del palo. Después nosotros medimos el palo con una cinta. La serpiente era de aproximadamente 3.4 metros de largo. Nosotros calculamos que pesaba más de 30 kilos.
Estirada en ese leño, la boa parecía totalmente en paz y olvidada de nosotros, casi como si estuviera dormida. Nosotros nos acuclillamos a menos de un brazo de distancia de la serpiente, cerca de la cola. Juan Ramón dijo que él quería tocarla. "¿Qué piensa"? preguntó.

Yo me encogí de hombros. "Prosiga si quiere. Yo pienso que yo paso". Yo estaba a la par de él.
Juan Ramón alzó su mano, dudó brevemente, entonces cautelosamente extendió la mano y tocó con las puntas de sus dedos las iridiscentes escamas de la boa. Pensando en el incidente, yo recuerdo el próximo segundo como un borrón de movimiento rápido y, al instante, una cabeza castaña dorada estaba allí y titubeando, a lo largo de un dedo de la mano de Juan Ramón, y de un antebrazo de su cabeza, sacando y metiendo la lengua negra horquillada. La cabeza de la boa era más grande que la mano de Juan Ramón. Hechizado al mirar los ojos negros de la boa, Juan retractó su mano despacio. Nadie se movió. La serpiente nos miró durante unos segundos que parecían como minutos largos, se volvió, dejó el tronco y se arrastró por la selva. Esta vez no la seguimos.

Después nosotros pensamos seriamente en el incidente y comprendimos que en definitiva, la boa era suficientemente grande para matar a Juan Ramón si hubiera querido hacerlo. Lo más probable es que nos dejó en paz porque éramos demasiado grandes para tragarnos, y hasta el momento de ese curioso contacto entre las puntas de los dedos y las escamas, no nos había considerado una amenaza. Simplemente mirar este magnífico reptil llenó mi pecho con respeto. Su manera y desinterés en la presencia de dos humanos adultos dió la impresión que sabía que no había nada en el bosque que podría hacerle daño. Nada la mataría, la comería o incluso la molestaría.

Los animales salvajes, como nuestra boa, pertenecen a un grupo de la élite de predadores que ocupan un lugar en la cima de la cadena alimenticia. En mi mente imagino la posición ocupada por estos animales como un pedestal localizado en la cumbre del esquema de vida. Encima del pedestal se encuentran esos animales que viven matando y comiendo otros animales, pero no son presa para ninguno. Vale la pena mencionar que los humanos con armas en mano ocupan un lugar en ese pedestal, pero los humanos en la naturaleza, con sólo el cuerpo físico con que nacieron, no.

Ésa fue la boa más impresionante que yo he visto, pero no la más grande. Sorprendentemente, la más grande estaba en un árbol. Mi hijo Chris la descubrió una mañana a la orilla del camino cerca de nuestra casa. Yo me apoyé en una escalera contra una rama cercana a la boa y subí a tomar algunas fotografías. Me parecía que el enorme tamaño y peso de la boa le impedirían subir, pero allí estaba. Como la mitad de la boa estaba extendida sobre una rama grande con el resto arrollado alrededor del tronco y soportado de dos ramas más pequeñas. Al contrario de la primera boa esta era de un tamaño enorme, por lo menos tan grueso como mi muslo. Había un enorme abultamiento en su cuerpo tan grueso como mi cintura, que yo especulé podría haber sido un zorro o una iguana recientemente tragado. Estando allí en esa escalera tomando fotografías, se me ocurrió que esta boa podría matar y tragar fácilmente uno de nuestros perros. Yo sólo puedo adivinar la longitud de la serpiente, pero fácilmente alcanzaba los 4 metros. La boa se quedó allí todo el día pero desapareció en el transcurso de la noche. Yo he oído informes ocasionales de una boa enorme que cruza el camino cerca de ese lugar. Dos observadores diferentes dijeron que era tan larga que cuando la cabeza alcanza un lado del camino, la punta de la cola todavía estaba en la ronda el otro lado. Yo estoy seguro que ha sido la misma serpiente que yo vi en el árbol. Difícilmente habrían dos boas tan grandes en el mismo lugar.

Yo he tenido noticias de observadores fiables, de otras boas que excedían los cuatro metros de largo. Una fue matada por un ganadero en Uvita cuando la encontró comiéndose un ternero. Cuando el señor llegó, el ternero ya estaba muerto, y la serpiente había tragado la mayoría de su cuerpo. Sólo las patas posteriores sobresalían de la boca de la boa.
La mayoría de las boas son bienvenidas alrededor de las habitaciones humanas, y juegan un papel importante en el control de roedores dañinos, pero de vez en cuando ellas pueden convertirse en visitas no gratas. Una mañana yo me levanté y entré en el baño. Jaime, la gata de mi esposa tenía una camada de gatitos, y ellos entraron en el baño maullando y agrupándose alrededor de mis pies. Eso no había pasado antes, pero yo no pensé mucho en eso. En la cocina encontré a Jaime, miraba con ojos de salvaje y nerviosa, atisbando alrededor de cada esquina antes de salir. Que extraño pensé, pero seguí con mi rutina de la mañana. Entrando en el cuarto de pila, descubrí una boa, sobre el fregadero, arrollada alrededor de una viga. "Eso lo explica," pensé. "Los gatos se dieron cuenta de que hay una serpiente en la casa y están nerviosos por eso". Entonces noté dos pelotas en la parte media de la boa. "Espera un minuto," yo medité, "cuántos gatitos se agruparon alrededor de mis pies"? Devolviéndome al baño conté tres gatos pequeños apiñados en una esquina. Yo fui a la puerta de la alcoba.

"Hey cariño, cuántos gatitos tiene Jaime?" Pregunté.
"¿Qué estás hablando? Qué hora es?” Diane se dio vuelta y se cubrió la cabeza con una almohada.
"Sólo dígame cuántos, y te dejaré dormir," Propuse.
Ella alzó la almohada y respondió, "cinco."
"Ya no," contesté y cerré la puerta.

Estaba asombrado de lo rápido que ella salió de la cama y llegó a la puerta. "Qué quiere decir? " exigió, sin ninguna señal de sueño.

"Venga y vea por usted misma."

Aquéllos de ustedes quiénes han leído Monkeys Are Made of Chocolate, (en Inglés) saben sobre la boa arbórea que vivió en nuestro ático durante muchos años y recibió albergue gratis a cambio por mantener nuestra casa libre de murciélagos y ratas. Como usted ya puede imaginar, a la boa come-gatos no se permitió el lujo de la misma cortesía. Se sentenció al exilio permanente y se deportó a un lindo hogar forestado a un par de kilómetros de la casa.
En Costa Rica hay cinco especies diferentes de boas. Las descritas aquí son de la especie Boa constrictor. Ninguna de las otras especies crece lo suficientemente grande para ocupar un lugar con los predadores en la cima en ese pedestal ubicado en la cumbre de la vida.

 
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