Hacienda Barú
National Wildlife Refuge

Dominical, Costa Rica

 

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El Poder de un Pansamiento PDF Print E-mail

Algunas personas matan los animales salvages para comer y otros los cazan por deporte. Yo aprendí cazar desde una edad temprana y tierna. No teniamos que cazar para subsistencia, pero siempre comimos todo lo que maté, desde palomas hasta venados. También sabia de la cacería deportiva, pués me papá viajaba a lugares distantes para tirar animales exoticos y luego colgar las cabezas desecadas en la pared de su oficina. El día que Toño, el vaquero de Hacienda Barú, me llamó para ver su presa especial, pude simpatizar con la emoción que provocó la risa orgullosa y radiante en su cara. Sin embargo, cuando miré la aterciopelada piel amarillenta del manigordo ( Leopardus pardalis ) muerto sentí una punzada de malestar en las tripas, algo como tristeza o verguenza. “Que lastima,” pensé, “haber terminado la vida de un animal tan maravilloso.”

Un momento después, el cazador en mi psyche disimuladamente tomó el control. “Quien sabe si hay otro más de esos gatos pintados arriba en la montaña, para matarlo yo,” reflexioné.

Casi de inmediato, me impresionó lo absurdo de estos dos pensamientos conflictivos. Como será posible que un momento siento remordimiento para la muerte del manigordo y unos segunditos después me pregunto si quizas quedara uno más para matarlo yo. Recordandolo ahora, 30 años después, creo que lo que más me dió susto era la idea que yo era capaz de considerar matar el último manigordo en la selva. Nunca volví a cazar. Dos meses luego pegue rotulos en los carriles de Hacienda Barú, diciendo “PROHIBIDO LA CACERÍA.” Luego consiguí un guardabosque permanente para combatir la cacería furtiva.

Hacienda Barú tenia más montaña y más vida silvestre que cualquier otro lugar alrededor de Dominical y en los años 1970 nadie podría imaginar una vida sin la carne de tepesquintle ( Agouti paca ) y zaino ( Pecarí tajacu .) El acto de prohibir la cacería definativamente no era la mejor manera de lograr amistades con los vecinos. Recibí amenazas, insultos y acusaciones de crear que era Diós. “Crees que sos el dueño de los animales,” gritó el monteador furioso, a la vez que me sacudia su cuchillo maliciosamente. “Pero Diós puso los animales aqui para que cualquiera los pueda matar y comer, y no tenes ningun derecho de prohibirlo.”

“A mi no me importa lo que haces en tu propia finca,” replique, defendio mi posición. “Pero si vienes a Hacienda Barú a cazar está buscando problemas.”

Pero a veces las condiciones cambian de tal manera que vemos las cosas de otra perspectiva. La opinion pública respeto la cacería cambió algo a principios de los años 1980, pero creo que el momento clave vino con la conclusión de la carretera pavimentado desde San Isidro en 1986. Antes, no pasaban mas de dos vehiculos diarios frente de la casa, pero el nuevo acceso abrió la zona a mucha personas de afuera. Algunos agentes que visitaban la comunidades semanalmente, portaban carabinas en sus camiones y mataban cualquier animal que vieran. Los fines de semana siempre entraban vehiculos llenos de monteadores de lugares como San Isidro y Buenos Aires.

En el año 1987 un grupos de vecinos llegaron a mi casa un sábado por la tarde. Mirando las caras, sentí un poco incomodo al ver que la mayor parte eran antiguos enemigos. Todos eran cazadores or ex-cazadores. Eduardo, el lider, era el hermano del hombre que me habia amenazado con el cuchillo. “Don Jack,” empezó, “necesitamos su ayuda. Si no hacemos algo esta gente de afuera va a matar todos nuestros animales. Imaginese, puede ser que nuestros nietos no logran conocer el tepesquintle o el zaino.”

“Que diferencia,” pense. “Hace quince años ellos estaban diciendo: ‘Crees que sos el dueño de los animales.' Ahora hablan de ‘nuestros animales.'”

La visita de ese grupo de cazadores fue el estimulo que dio inicio al cambio y se fundó un grupo de vigilantes llamado ANADO. Con tiempo se convirtió en un grupo ambiental conocido a nivel nacional, llamado ASANA, que lucha para la protección de los hábitats naturales a lo largo y ancho de la región. Ahora hay mucho mas vida silvestre y mucho menos monteadores. Las ganaderías han sido reemplazadas con reservas naturales y los vaqueros con guías naturalistas. Mas bien, los animales silvestres and la naturaleza tropical han llegado a ser la mayor atracción para visitantes a la zona.

Y todo empezó con un pensamiento.

 
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