Hacienda Barú
National Wildlife Refuge

Dominical, Costa Rica

 

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El Chingo PDF Print E-mail

Los humanos no eran totalmente nuevos para el animal. Los había visto anteriormente, la mayoría cerca de la boca del río Barú, pero nunca los había considerado como posibles presas. Desde hace unas semanas andaba explorando el río, poco a poco hacia arriba, deteniéndose unos días en cada poza, cazando peces, aves y mamíferos pequeños que llegaban a la orilla a tomar agua. Hace unos días esta poza estuvo buena y el monstruo había logrado cazar un pato y a la orilla del agua unos inocentes visitantes, un zorro y un perro. Río arriba encontró nada más una corriente fuerte y blanca sin pozas. Durante la cacería no había alcanzado ninguna presa y el monstruo tenía hambre.

Desde ayer había observado con paciencia a los tres humanos tirando cuerdas a la poza y sacando pescados. La noche anterior había salido al playón a observarlos alrededor de una fogata y luego cuando dormían en el suelo, eran presas tentadoras, pero el monstruo tenía dudas. Los humanos dormían un poco más largo del agua y eran un poco más grandes que cualquier otra presa que había cazado anteriormente. El monstruo sabía que la paciencia casi siempre daba resultado. Pero por fin la oportunidad se presentó y la duda desapareció. El más pequeño de los tres humanos caminó hacia el agua, entró y fue nadando ..... directamente hacia el monstruo.

Los tres amigos llegaron ayer a la poza de Los Burros en el río Barú a pescar y habían pescado más de lo que podrían llevar para la casa, la mayor parte roncadores. "Que calor," comentó Vicente. "Voy a echarme al agua." Quitando todo menos los calzoncillos entró al río hasta media pierna y se lanzó al agua hacia el centro de la poza.

Guido vio a su amigo y el agua tan fresca y empezó a quitarse la ropa. Joaquín siguió pescando. "Cuidado muchachos," gimió. "Van a espantar los peces."

Algo grande rompió la superficie del agua y Vicente desapareció en la turbulencia. Pero, después de unos momentos apareció de nuevo en la superficie de la poza y fue nadando desesperadamente hacia los amigos. Otra vez el monstruo rompió la superficie, agarró las piernas de Vicente, y volvió a sumergirse a la vez que daba vueltas y se meneaba con el hombre en su boca, y otra vez Vicente logró liberarse, llegar arriba y luchar para alcanzar la orilla. Medio desnudo y descalzo en el playón, Guido miró con horror el agua azul clarita teñida con la sangre de su amigo. Joaquín, el único hombre vestido, corrió determinadamente hacia la poza, con un machete alzado en la mano. Al mismo tiempo, el monstruo agarró por tercera vez a Vicente y empezó a dar vueltas y a sumergirse. Recargado de adrenalina, con un valor y una fuerza que no sabía que tenía, Joaquín se lanzó al agua y voló el machete al animal que estaba revolviendose. El cuchillo penetró el rabo grueso y escamoso por la parte suave del lado inferior, amputando algo más de medio metro. Agotado y traumatizado, Vicente una vez más llegó a la superficie. Joaquín se metió al agua hasta el pecho, extendió una mano a su amigo y lo jaló salvo a la orilla de la poza. El cocodrilo se fue río abajo, la sangre rezumando de la herida donde se cortó el rabo.

Don Nitos Gómez se acuerda que fue aproximadamente un año después cuando él y su hermano Chuta estaban trabajando en un bananal a la orilla de río Barú un poco más arriba del actual Villas Río Mar. Al escuchar un chapoteo escandaloso, fueron al río a investigar. Apenas llegaron a la orilla el cocodrilo chingo les atacó, saltando afuera del agua y cayendo contra el padrón, sin alcanzar a los hombres. Don Nitos relata que el cocodrilo tenía más de 4 metros de largo. Confiado que El Chingo no los podría alcanzar los hermanos tiraron palos y piedras al enfurecido animal hasta que se retiró hacia la parte más profunda del río y desapareció.

Pero todo el mundo sabía que El Chingo siempre acechaba por allí. Dicen que entre otros atacó a Juan Bautista Santa María cuando cruzó el río Barú a caballo, volcando el caballo y botando el hombre al agua. Ambos, el caballo y el jinete escaparon. En algún momento a mediados de los años 1960 El Chingo desapareció del río Barú y apareció en el Río Morete, 20 kilómetros hacia el sureste. Ganó la reputación de haber matado a un hombre por allí, pero hay considerable duda sobre el incidente. Algunos dicen que la víctima fue asesinada y luego el asesino culpó al Chingo para tapar su crimen.

El Cocodrilo Americano ( Crocodylus acutus ) conocido como El Chingo no se ha visto por muchos años. Nadie sabe si se murió o quizás salió al mar y llegó a algún otro río. De todas formas El Chingo se va recordar para siempre por estos lados y con mucha certeza sus descendientes se encontrarán por acá.

Nota: El ataque a Vicente ocurió a finales de la década de los 40. En la versión recontada arriba, los hechos básicos son ciertos, pero muchos de los detalles son creaciones del autor.

 
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