|
Los Visitantes Buscan Algo Diferente -- por Jack Ewing En el año 1982 el gobierno de Costa Rica empezó el proyecto de la carretera, Costanera Sur entre Dominical y Piñuela. También se hablaba mucho sobre la futura construcción de un puente sobre el río Barú y la electrificación de la zona. La posibilidad de la llegada de nueva infraestructura y servicios a la zona me estimuló a contemplar el futuro de Dominical y Hacienda Barú. Las palabras “Ecoturísmo” y “Turismo Ecológico” no pasaron por mi mente, e inclusive, no formaban parte del idioma Español en ese tiempo. El término más similar era “turismo naturalista,” pero fue poco escuchado. La gente lo vio como una especialidad del turismo que atraía a unos turistas raros que hacían cosa raras como abrazar los árboles. La afición de la observación de aves, por supuesto, se practicaba desde mucho tiempo atras, pero el ecoturismo como lo conocemos hoy, no existía.
<p align="left"> En ese tiempo Hacienda Barú era una finca ganadera donde también cultivábamos arroz y cacao. La propiedad tenía tres kilómetros frente a la playa y los socios tenían la idea de que el destino eventual de la finca era para el turismo. La posibilidad de una buena carretera y mas servicios básicos en la zona parecían hacer más probable esa eventualidad. En ese tiempo mi concepto del turismo era bastante limitado. La imagen que llegó a mi mente fue una de hoteles y otros negocios turísticos a lo largo de la playa al estilo Acapulco. Para mi, esto significaba talar el bosque, incluyendo el manglar, rellenar el estero y reemplazar estas áreas naturales con estructuras de concreto. “Creo que no aguantaría ver un desarrollo de ese tipo,” comenté a mi esposa Diane. “Tendría que irme de este lugar antes de comenzar el desarrollo.”</p> <p align="left"> Unos días después de haber dicho esas palabras, andaba a caballo por la orilla del manglar, en ruta a un potrero donde tenía que revisar un grupo de ganado. Al acercarme a un higueron grande, escuché un grupo de monos cariblancos y luego los vi brincando de una rama a otra, comiendo con gran gusto los pequeños higos rojos tan rápido como pudieron meterlos en las bocas y a la vez dejando la mitad caer al suelo. Media docena de tucanes quióros estaban dispersados entre las hojas, cogiendo bocados de fruta en los picos enormes, tirando las cabezas hacia arriba y atrás y tragando entero los higos. En las ramas mas bajas, andaba un pizote solo, cogiendo meticulosamente y comiendo las frutillas redondas una por una. Al mirarlo, pude imaginar que deliciosos eran los higos. Yo sabía que después de la gran comida, todas las aves y los animales irían para el manglar y el bosque alrededor y mas tarde en el día defecarían y de esa manera dispersarían las semillas de higueron mezclado con sus heces. Algunas semillas caerían en el suelo, pero muchas quedarían en rajaduras y huequitos de los árboles, donde germinarían nuevos higuerones empezando su largo ciclo de vida. Después de un tiempo seguí adelante pensando en el espectáculo que acababa de observar.</p> <p align="left"> Llegué al potrero donde estaba el grupo de ganado que venía a revisar. Andando entre el hato, me encontré pensando en la Madre Naturaleza, en vez de ponerle atención al ganado. Me vino a la mente una idea: <em>¿Porque no podemos construir cabinas en lugares como este potrero, donde hace tiempo se cortó el bosque? ¿Porque no conservamos los manglares, humedales, bosques húmedos tropicales y traemos los turistas a ver los pájaros y animales? Seguramente hay otras personas en el mundo que gozan de la naturaleza tanto como yo.</em> </p> <p align="left"> Acababa de experimentar una pequeña visión de lo que algún día se llamaría “turismo ecológico.” Poco tiempo después me di cuenta que otras personas en Costa Rica habían tenido pensamientos y visiones similares. Un concepto estaba empezando a germinar en las mentes de muchas personas. Parecía que gente con ideas similares se atraían; con el tiempo nos conocimos, conversamos e intercambiamos ideas. El concepto creció y ganó nuevos amigos. Eventualmente se maduró tal como las frutas del higuerón, hasta que estuvo listo de cosechar. Algunos de nosotros empezamos a poner el concepto en práctica. En Hacienda Barú la motivación para hacerlo vino de unos visitantes de Suiza, amigos de amigos que vinieron a visitarnos. Un día Diane y yo, nuestros amigos Beatrice y Martin y dos amigos de ellos, fuimos a caminar por el bosque primario. Durante cinco horas tuvimos una gran experiencia, explorando las maravillas del hábitat mas diverso en la faz del planeta. Cuando regresamos a la casa, la muchacha de Suiza me preguntó, “¿Cuanto te debo por el tour?”<br> “No me debes nada,” replique. “Hice la caminata porque me gusta. No es un negocio.”</p> <p align="left"> “Tienes que aceptar algo,” insistió. “No tenemos nada parecido a esto en nuestro país. Hemos viajado a muchos lugares, siempre buscando algo diferente. Normalmente encontramos la misma cosa de siempre, playas lindas, palmas lindas y hoteles bonitos. Una experiencia como la de hoy es verdaderamente diferente; nunca he conocido nada parecido.” Ella metió dos billetes de $20 en la bolsa de mi camisa, me besó en ambos cachetes y dijo “¡Mil Gracias! Adiós.” Ella no tenía idea de lo que había puesto en moción. </p> <p align="left"> Pensé que si los visitantes de Suiza pagaron por una caminata en la selva, debían haber mas personas que lo harían. Empezamos a ofrecer una caminata de seis horas llamada la “Experiencia del Bosque Húmedo Tropical.” Vendimos $300 de tours ese primer año, 1987. El año siguiente vendimos ese tanto de tours en solamente el mes de Enero. El crecimiento de la venta de tours continuó en la misma forma durante cinco años y luego bajó un poco, nivelandose en un crecimiento anual de 35% a 40% durante unos años mas. Eventualmente bajó hasta en un nivel de 15% de crecimiento anual. En los años siguientes, la oferta de tours fue ampliada, hasta el día de hoy, ofrecemos tres clases de exploración del dosel, dos caminatas, dos tours de acampar, dos tours de observación de aves y siete kilómetros de senderos auto guiados. Otros destinos de turismo ecológico han experimentado demandas crecientes similares. La hora del ecoturismo en Costa Rica llegó. </p> <p align="left"> En el año 1984 la palabra “Ecoturismo” fue agregada al idioma por la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN.) Seis años después <em>The International Ecotourism Society</em> fue fundada. Hoy muchos países tienen organizaciones nacionales de ecoturismo. En Costa Rica, por ejemplo, tenemos la Camara Nacional de Ecoturismo (CANECO.) Ademas hay miles de páginas web que de alguna manera promueven el turismo naturalista. Justo como dijo la muchacha Suiza, “mucha gente está buscando algo diferente.” </p> <p align="left"> Una vez un amigo comentó que la zona sur es “La Tierra de Hoteles Pequeños y Parques Grandes.” Creo que la mayor parte de la gente que vive en la zona comparten el deseo de vivir en un lugar donde la naturaleza es de la más alta prioridad. Siempre he creído que un lugar es como lo hace la gente. La zona sur está en las etapas iniciales del desarrollo turístico y rápidamente está ganando una gran fama por su belleza natural y biodiversidad. Nos corresponde a nosotros y a futuras generaciones proteger los tesoros naturales que atraen tantos visitantes a nuestra región. Ecoturismo y la observación de aves en Costa Rica ya son actividades muy populares. Esta región tiene el potencial para ser el modelo de turismo de la naturaleza. La muchacha de Suiza tenía razón. La gente verdaderamente quiere algo diferente. Están buscando la “Tierra de Hoteles Pequeños y Parques Grandes.”</p>
|