La fecha fue el 16 de Octubre del 2008, la hora las 4:30 PM. Steve y Peggy observaron mientras una voluminosa forma salió de las olas pequeñas y empezó a arrastrarse hacia arriba sobre la arena húmeda de Playa Barú. Fue una escena extraña, especialmente en horas de la tarde. La Tortuga Marina Lora (Lepidochelys olivacea) normalmente no sale del mar para desovar durante la luz del día, más bien tratan de evitar hasta la luz de la luna y aparecen en la playa solamente cuando la noche es completamente obscura. Pero ahí estaba una, moviéndose incómodamente sobre la playa con aletas diseñadas para maniobras en el mar y no para jalar un quintal de peso sobre la arena. Cuando llegó a un punto donde miles de años acumulados de instinto le indicaron que la playa estaba adecuada para su propósito, la hembra empezó a escarbar un hueco en la arena con sus aletas traseras. Después de colocar su parte posterior sobre el hueco, empezó a expulsar globos blancos, flexibles, envueltos en una sustancia mucosa, cada uno de la forma y tamaño de una pelota de golf. Los huevos cayeron en el hueco uno por uno hasta que no quedaron mas adentro del reptil. La hembra empezó a echar arena en el hueco tapando así los preciosos huevos que asegurarían el futuro de su especie. Una vez con el hueco lleno posicionó su dura y huesuda placa inferior sobre el montón de arena, levantó su cuerpo en el aire con las aletas y lo dejó caer encima del nido con un sonido similar a un tambor, repitiendo el proceso hasta que el nido quedo empacado firmemente. Bastante agotada por todo ese esfuerzo, la Tortuga Marina Lora empezó su regreso hacia la orilla del agua, descansando frequentemente hasta que, por fin, desapareció en la inmensidad del mar. Notando que el cielo se oscurecía, Steve miró su reloj; la hora era las 5:30 PM. “Debemos regresar al albergue,” comentó. “La noche llega de pronto en zonas tropicales.”
Durante muchos miles de años, esta escena se ha jugado en cientos de playas con millones de tortugas de muchas especies. Luego vienen los coyotes, mapaches, pizotes, zainos y hasta pumas y jaguares para excavar y comerse los nutritivos huevos. Las siempre presentes y persistentes hormigas también toman su cuota. Dependiendo de la lluvia y de la temperatura del nido, salen neonatos entre 45 y 60 días después, de los huevos que escapan de los depredadores. Las tortuguitas salen del nido, alcanzan la playa, se fijan en el movimiento de las olas y caminan hacia el mar. Las primeras en salir normalmente logran evadir los cangrejos que esperan para emboscarlas y caminan los 30 metros hasta la orilla del agua. Deben evadir la multitud de especies marinas y especies de aves como el gavilán, pájaro fregata o buitre los cuales andan en busca de alimento. Todos los mamíferos mencionados arriba y hasta los monos cariblancos, a veces participan en la fiesta. Casi ninguno de los neonatos restantes sobrevive. Quizás cinco en un nido de cien, cada uno más pequeño que una barrita de jabón de baño, logran entrar el mar. Con suerte una hembra de cada diez nidos crecerá hasta la madurez y regresará a desovar en la misma playa diez a doce años después. Lo que pasa en el transcurso de su vida hasta cuando llegan a la madurez sexual, es un misterio.
Todo esto fue antes de la llegada de Homo sapiens al mundo como un actor primario en el proceso. Ahora tal ves un nido de cien tiene la oportunidad de nacer naturalmente. Eficientes cazadores humanos detectan y remueven todos los huevos antes de que los demás depredadores encuentren el nido. Pocos escapan a su meticulosa busqueda. Los huevos de un nido se venden en las cantinas locales por un precio de entre $15 y $20 todo el nido, más de lo que podría ganarse una persona trabajando ocho horas diarias en un trabajo honrado. En la cantina abren los huevos y los echan en un vaso; les agregan jugo de tomate, jugo de limón, Tabasco y ron, y se toma crudo. Se considera una buena prueba de la masculinidad. En las cantinas la bebida se llama “Viagra de pobres.” La verdad es que la evidencia científica comprueba que cualquier efecto sobre la potencia sexual es puramente algo psicológico. La tragedia es que este mito podrá eventualmente resultar en la extinción de las tortugas marinas.
Cuando Steve y Peggy regresaron a su cabina en Albergue Hacienda Barú, pasaron por la oficina y me contaron de su extraordinaria experiencia. Llamé a Eduardo, el jefe de los guarda parques y le comenté sobre el extraño incidente. Él me contó que durante los siete años que tiene de trabajar con tortugas marinas, nunca ha visto ni escuchado de una tortuga que desove durante la luz del día. Después de la llamada Eduardo se dirigió al lugar que la gente me describió. Poco tiempo después encontró la huella de la tortuga en la arena, similar a la oruga de un tractor y la siguió hasta el nido. Probando cuidadosamente con una varilla, rápidamente localizó la cámara que contenía los huevos. Con sus manos Eduardo escarbó en la arena hasta que aparecieron los primeros huevos. Midió la distancia desde la superficie en 17 cm. y la anotó en una libreta. Se puso guantes de plástico y sacó los huevos uno por uno, los contó y con cuidado los colocó en una bolsa plástica limpia. El nido tenía apenas 36 huevos, el más pequeño hasta la fecha. Probablemente era el primer desove de la hembra; esto es tal vez fue la razón de su extraño comportamiento, saliendo a poner en el día, reflexionó Eduardo. Midió la profundidad y diámetro del nido. La cámara era significantemente mas pequeña de lo normal, siendo el promedio de 22 cm, hasta los primeros huevos, 38 cm en profundidad total y 30 cm en diámetro. Después de hacer las anotaciones en la libreta, Eduardo caminó hasta la estación de los guarda parques donde la organización ambiental local, la Asociación de Amigos de la Naturaleza del Pacífico Central y Sur (ASANA) cuenta con un vivero.
Cuando Eduardo llegó al vivero, primero ubicó el sitio para el próximo nido. Próximamente hizo un hueco de las mismas dimensiones como el hueco de donde retiró los huevos, 32 cm, de profundidad y 24 cm, en diámetro. Colocó los huevos en el hueco con mucho cuidado. Finalmente los cubrió con arena y la empacó a una firmeza similar al nido en la playa. Ahí quedarían durante un periodo de aproximadamente 52 días. A la fecha habían 117 nidos en el vivero. Después de cinco días pondrían un rotulito con el número de huevos y la fecha en que se encontró el nido. Anteriormente habían marcado cada nido inmediatamente después de sembrar los huevos. Una noche cuando los guarda parques estaban patrullando en la playa unos cazadores de huevos se metieron en el vivero y robaron los tres nidos mas nuevos, los que todavía se podrían vender para su consumo.
El la casa de los guarda parques, Eduardo pasó toda la información de la libreta a un cuaderno que tenía con llave en una gaveta del escritorio. Un par de veces por semana Ronald, coordinador de ASANA pasa para llevar la información actualizada a la oficina de la organización y digitar todo en la computadora. Una vez por mes un biólogo marino visita el sitio para inspeccionar el vivero y revisar los datos.
Eduardo revisó los nidos a ver si alguno estaba pronto a nacer. Una depresión pequeña había aparecido sobre uno de los nidos en la tarde del día anterior; esto quiere decir que las primeras tortuguitas en el nido estaban empezando a romper las cáscaras y empezarán a salir hasta la superficie de la arena aproximadamente 36 horas después, o sea en la mañanita siguiente.
Eduardo sacó su teléfono celular de la bolsa y hizo un par de llamadas. La primera a ASANA para ver si habían charlas programadas como parte del programa de educación ambiental en donde niños de escuelas tienen la posibilidad de observar la liberación de los neonatos; la segunda llamada fue a la oficina de Albergue Hacienda Barú. Yo notifique a Steve y Peggy y los demás huéspedes. Cualquier persona que quisiera ver las tortuguitas tenía que estar en la playa a las 6:00 AM el día siguiente.
Algunas personas han sugerido que debemos llevar los neonatos al agua y hasta llevarlos mas allá de la reventazón de olas para liberarlas, eliminando así una gran cantidad de esfuerzo por parte de ellas y así mejorar sus posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, biólogos marinos creen que es esencial que las tortuguitas caminen por la playa y entren el agua por si solas. Aparentemente una muestra pequeña de agua del mar y arena entra a un órgano pequeño cerca de la fosa nasal y ahí se queda durante toda la vida de la tortuga. Un órgano idéntico, al otro lado de la cabeza queda vacio. Según la teoría, de diez a doce años después, cuando las hembras regresan a la playa a desovar, pueden encontrar el lugar exacto en la playa donde entraron al agua, comparando muestras de agua del mar con la muestra guardada cuando entraron el agua como neonatos.
Un grupo pequeño observó mientras Eduardo liberó los neonatos. A cada persona se le permitió tomar una tortuga pequeña en la mano y ponerla encima de la arena. Solicitaron a los observadores quedarse atrás de las tortugas, las cuales caminan hacia cualquier movimiento que ven. La Madre Naturaleza quiere que se enfoquen en el oleaje, la cual es la dirección correcta a caminar. Otros movimientos las confunden. Una vez en la playa y enfocados en las olas, los neonatos usan sus aletitas para arrastrarse sobre la arena. Cada una tiene una bolsita que contiene nutrición concentrada suficiente para sostenerlas durante su penosa situación y les servirá para llegar mar adentro donde encontrarán plancton, que es su comida básica durante esta etapa de su vida. Si no encuentran comida antes de gastar todo el contenido de la bolsa, se mueren. Luego en su vida consumirán una variedad de criaturas marinas incluyendo medusas.
Steve y Peggy tuvieron mucha suerte. Muchas personas caminan para arriba y para abajo en la playa de noche durante muchas horas y no ven ninguna tortuga. Sin embargo, hay ciertos tiempos cuando hay más probabilidad de verlas. Las tortugas marina Lora empiezan a desovar en Playa Barú a mediados de Julio de cada año. Agosto y Setiembre son los meses cuando la mayor parte de los huevos se ponen. El desove continua a un ritmo reducido durante el mes de Octubre y disminuye hasta casi nada en Noviembre. Muy pocas tortugas salen a la playa durante la semana de la luna llena y parecen programar sus desoves durante el resto del mes. Tienen un sentido impresionante que les indica a que horas va a aparecer y desaparecer la luna; rara vez se ven en la playa con la luz de la luna. Viendo neonatos es mucho más fácil. La temporada cuando salen la mayor parte del nido es desde finales de Setiembre hasta principios de Noviembre cuando las tortuguitas nacen y son liberadas en varias ocasiones cada semana.
Durante los años, con muchos consejos de biólogos marinos, el personal de ASANA y los guarda-parques de Hacienda Barú han refinado los procedimientos para manejar y anotar los acontecimientos del proyecto de rescate de tortugas marinas. Durante los últimos ocho años un promedio de 88 neonatos han sido liberados exitosamente en el mar por cada 100 huevos recolectados. Esto suma más de 70,000 tortuguitas liberadas desde el año 2000. ASANA también ha colaborado con un vivero de tortugas marinas en Playa Matapalo, 12 Km al noroeste de Playa Barú.
El primer vivero en Playa Barú fue un proyecto de los dueños y empleados de Hacienda Barú en el año 1984. En 1990 fue acogido por ASANA pero el vivero siempre se ha mantenido en Hacienda Barú. Muchas personas han contribuido durante los años, pero este año, 2008, gran parte del apoyo financiero para el proyecto ha venido de la Marina Pez Vela, Plaza Pacífica, Pitzer College, Álvaro Redondo estudiante de Yale University y Hacienda Barú.
Cet Iguane noir (Ctenosaura similis) aime prendre ses bains de soleil à l'entrée de l'hôtel d'Hacienda Barú.
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