Deiber Segura Cascante

Cuando Deiber Segura Cascante nació en el año 1992, su papá, Juan Ramón Segura, era el jefe de los guías en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Barú, y su mamá era la encargada de las cabinas y el restaurante. La familia vivia en una casa en la hacienda. Los más

preciados recuerdos de Deiber son de las caminatas que hacía con su papá en los senderos del refugio. Lo que más recuerda de esas caminatas son los pájaros que su papá detectaba y le enseñaba. Cuando Deiber tenía cuatro años la familia construyó una casa en Hatillo un pueblo vecino, donde han vivido hasta hoy en día. Pero el traslado a Hatillo no puso fin a las visitas a Hacienda Barú con su papá. Desde sus memorias mas tempranas le ha gustado mucho caminar entre la naturaleza tropical y ha tenido el sueño de ser guía como su papá.

Además de su gran aprecio por las aves y los demás aspectos de la naturaleza Deiber tiene especial interés en la botánica. Cuando estaba estudiando en el Colegio Tecnico Profesional de Matapalo le gustaba mucho la biología y quedó fascinado con el ciclo de nitrógeno y la manera en que las plantas captan el dioxido de carbon, y lo convierten en fibra vegetal, y la liberación de oxigeno en el proceso. Durante los próximos años Deiber tiene planes de estudiar la botánica en la Universidad Nacional a la Distancia. Su meta es adquirir un titulo universitario en el tema.

Entre sus experiencias en la selva, la que más le impresionó fue un enfrentamiento con un saino. Deiber ha visto muchisimos de estos chanchos silvestres durante los años que ha andado en el bosque y ninguno le ha mostrado nada de agresividad. Un día en la parte alta de Hacienda Barú encontró una manada de sainos en el sendero. Uno de ellos salió de la manada y vino hacia Deiber sacudiendo la cabeza, haciendo un sonido como “clak, clak, clak” con los dientes y chillando. Deiber no sabía que hacer, quederse parado, salir corriendo, o subir un árbol. Dijo que era como estar en un redondel con un toro bravo. Después de un rato corto la manada salio del sendero y se metió entre la selva, y el saino bravo se fue atras de ellos. De esta experiencia Deiber aprendió que los animales son similar a los humanos en que son individuales y cada uno es distinto. El hecho de que la mayor parte de los sainos son muy manzos no quiere decir que no hay unas cuantas cabezas calientes.

Desde temprana edad Deiber adquirió un aprecio por las aves y un talento para detectarlas e identificarlas. Para suplementar su conocimiento realizó un curso sobre la avifauna con el más destacado ornitólogo en Costa Rica. Ha guiado ecoturistas y aficionados de aves desde su graduación del colegio.

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