Hacienda Barú Blog
 
Libres para Valerse por si Mismos

by Jack Ewing.

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Cualquiera que haya observado animales en un zoológico y luego haya visto a los mismos animales en la naturaleza estará de acuerdo en que no hay comparación entre los dos. En su famoso libro The Human Zoo, Desmond Morris comentó que si observa el comportamiento de un babuino en el zoológico, llegarías a la conclusión de que lo único que hacen es fornicar, masturbarse y pelear. Pero para observar estes grandes monos africanos en la naturaleza los verás cómo las especies nobles que realmente son. Por esa razón, me encanta observar la vida silvestre en su hábitat natural, no en una jaula. Sin embargo, no es necesario enjaular a un animal para afectar su comportamiento. Lo que tienes que hacer es lograr que el animal dependa de ti para obtener comida. Una vez que comience a comer la comida proporciona por usted, ya deja de ser silvestre.

Echemos un vistazo a un ejemplo trágico que tuvo lugar aquí en Hacienda Barú, de lo que puede suceder cuando los animales salvajes se vuelven dependientes de la comida facil. Hace unos 10 años, antes de que se construyera la carretera costanera, había un puesto de frutas al lado de la carretera, justo al norte del puente del río Barú, junto al Refugio Nacional de Vida Silvestre Hacienda Barú. El propietario tenía la mala costumbre de tirar toda la fruta que se estropeaba en las malezas al borde de la carretera. Unos pizotes y mapaches la descubrieron y comenzaron andar por la zona para comer la fruta descartada. Cuando los autos comenzaron a detenerse para observar a los animales, el propietario de la venta de fruta tuvo la brillante idea de vender bananos a la gente para darles a los animales. Más y más pizotes fueron atraídos al puesto de frutas donde simplemente esperaban a ser alimentados. La situación llegó al punto en que casi en cualquier momento del día se podían encontrar pizotes y mapaches en el lugar o cerca de él. Hubo momentos en que yo manejaba desde Hacienda Barú Lodge hasta Dominical y no podía llegar al puente del río Barú. Coches, personas y animales tenían el camino completamente bloqueado. Una vez conté una docena de automóviles y más de 25 personas dando bananos a un grupo de 50 a 60 pizotes.

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Hubo incidentes donde las personas fueron mordidas y arañadas por los animales, pero todos siguieron alimentando los pizotes. Cuando hubo tantos pizotes alrededor del puesto de frutas y que no había suficiente comida para todos, algunos de los animales descubrieron que podían moverse por la carretera varios cientos de metros y suplicar, sentándose sobre sus ancas como un perro pidiendo un bocado. Los pizotes dejaron de buscar comida en su hábitat natural. Sus dietas consistían en el 100% de bananos, deshechos orgánicos y alimentos humanos que podían mendigar o robar. Pizotes y mapaches comenzaron a llegar al restaurante en Hacienda Barú, a tres kilómetros de la venta de frutas. Tropas de mapaches invadieron por la noche, y tuvimos que fortificar la cocina para mantenerlos fuera. Al principio, el guarda de seguridad trató de ahuyentarlos, pero se mantuvieron firmes y se volvieron agresivos. Una vez vi a un mapache subir al bar, correr hacia el tendedero de golosinas, agarrar una bolsita de papitas fritas y escapar de la misma manera en que entró, mientras la gente miraba con incredulidad. La densidad de población de las dos especies creció a un nivel mucho mayor que el normal y su estado nutricional disminuyó severamente debido a la falta de una dieta natural variada. Estas condiciones son perfectas para la propagación de las enfermedades y muchos pizotes y mapaches comenzaron a perder pelo en parches grandes y manchas rojas y desnudas aparecieron por todo el cuerpo.

Casi al mismo tiempo, los avistamientos de pumas se volvieron más frecuentes en la zona, y los pizotes y mapaches se encuentran entre los animales de presa favoritos de estos felinos. Las poblaciones de ambas especies cayeron considerablemente. Una combinación de depredación y enfermedad los terminó. Antes de morir, los pizotes eran uno de los animales más vistos en Hacienda Barú. Después, no vi uno solo durante seis meses.

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Algunos sobrevivieron, sin duda los más inteligentes y más cautos que nunca visitaron el puesto de frutas. Hoy, 10 años después, nuevamente tenemos una población saludable de pizotes y mapaches en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Hacienda Barú, pero ya no vienen al hotel para pedir comida o invadir el restaurante. La madre naturaleza en general resuelva los problemas producidos por los humanos como lo hizo en este caso, y sus métodos a menudo son duros. Hay muchas lecciones que se pueden aprender de todo esto, pero la principal es: No capturar y enjaular o alimentar animales salvajes. Déjelos ser libres para valerse por sí mismos.

enero 29, 2018 0 27